jueves, 10 de noviembre de 2016



LA LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XVIII

(Para aquellos que me habéis pedido un material diferente; creo que esto os servirá.)
 

INTRODUCCIÓN:

E
l siglo XVIII ha sido siempre sometido a un gravísimo desinterés por parte de nuestros críticos literarios. Sí es cierto que hay una gran disminución en cuanto a número y calidad en la creación literaria de finalidad puramente estética a favor del utilitarismo, pero la literatura utilitaria sigue siendo literatura y por lo tanto se merece tanto interés como el siglo XVI o el XVII. El título de este tema es probablemente el más complicado de todo el temario, pues agrupa toda la literatura de un siglo en vez de repartirla a lo largo de varios temas, ya sea por géneros o por autores, así, la síntesis a realizar es tan abrupta que probablemente tenga que limitarme a nombrar a algunos autores (o situaciones específicas) sin centrarme en ellos, aunque resulte injusto.
A lo largo del siglo XVIII se produce en España el fenómeno ilustrado, antirrevolucionario y de inspiración cristiana, con la guía de la razón y nuevos métodos de trabajo (observación, investigación y experimentación).
Sin duda, el aspecto más característico de este movimiento es el espíritu crítico. Frente al pensamiento teológico que había predominado en siglos anteriores, se impone ahora el pensamiento filosófico y el conocimiento se adquiere a través de la razón y la experiencia. Este período cultural, que abarca todo el siglo XVIII, se manifestará como rococó, neoclasicismo y prerromanticismo. Las directrices van a ser: la defensa de lo racional frente a lo sentimental, la defensa de las unidades clásicas (sobre todo en teatro), y sobre todo, el fin docente del arte.

1.     PROSA:

1.      LA PRENSA: es en el siglo XVIII cuando surge el deseo de difundir opinión, así surgirá el periodismo. La prensa tiene un papel muy importante en el siglo de las luces porque permite que la información o la opinión, llegue a mucha gente.
a)      Etapa primera: hasta 1758. Los periódicos de interés son Diario de los literatos de España y el Mercurio Literario.
b)      Etapa segunda: desde 1758, año en el que Francisco Mariano Nifo saca a la luz el Diario Noticioso, Curioso, Erudito y Comercial, público y económico. Después, en 1760, Cajón de Sastre (de mayor importancia literaria); en 1763, Diario Extranjero, sobre literatura europea, etc. Nifo es el gran divulgador, el creador de la prenda diaria en España.
c)      Etapa tercera: entre 1781 y 1787 se publicó El Censor como la gran revista de ideas, debate y órgano de expresión de los ilustrados. Es un periodismo de crítica global, que ofrece la panorámica completa del pensamiento ilustrado.

2.      BENITO JERÓNIMO FEIJOO Y EL PADRE SARMIENTO:
El padre Feijoo tiene mucha importancia dentro del siglo XVIII porque consiguió integrar el pensamiento de la Iglesia y el nuevo espíritu científico. Él fue quien inició el género del ensayo apoyándose en la tradición de Montaigne.
De 1725 es su Carta apologética de la medicina escéptica del doctor Martínez, obra a favor de la medicina experimental y en contra de Bernardo López de Araujo y Alcárraga.
El Teatro Universal fue publicado entre 1726 y 1729. Se trata de ciento dieciocho discursos sobre temas variados (temas como la superstición o la pureza religiosa, pero también temas políticos, científicos y filosóficos), con voluntad crítica, finalidad didáctica, deseo de proyección social y actitud innovadora. El padre Feijoo contribuyó a difundir ideas tan fundamentales como la dignificación del trabajo, el utilitarismo, el pacifismo como elemento favorable a la economía, el menosprecio de la nobleza hereditaria y ociosa, etc.
El padre Feijoo fue el defensor de la nueva fe ilustrada al hacer compatibles ciencia y religión.
Su estilo no es uno solo, sino varios que se suceden en una búsqueda continuada pero de gran espontaneidad. Su propósito único fue el de comunicar con amenidad.
El padre Sarmiento (Pedro José García Balboa) escribió obras en la misma línea que el padre Feijoo, así destacamos Memorias para la historia de la poesía y de los poetas españoles, Escritos filológicos y La educación de los niños. El aspecto más interesante que trata es la educación como única posibilidad de progreso nacional.

3.      IGNACIO DE LUZÁN:
Es el controvertido autor de la Poética, publicada en 1737. Obra formada por cuatro libros. En el primero nos habla de las cualidades geniales de los autores clásicos y recuerda el proceso de la literatura hasta llegar a sus corruptores: Lope, Gracián y Góngora. En el segundo libro ahonda en la utilidad que debe tener toda obra, utilidad en forma de verosimilitud y claridad. El libro tercero trata sobre el problema de las unidades de tiempo, lugar y acción (los ilustrados querían mantenerlas en contra de los preceptos lopescos que tanto habían triunfado en el siglo anterior); defiende además un tono docente, que es en realidad el deseo de crear un teatro con una preocupación intelectual. En el cuarto libro se dedica a analizar las grandes epopeyas griegas y latinas.
Sus fuentes principales son los preceptistas clásicos: Aristóteles y Horacio.

4.      LA PROSA SATÍRICO - NOVELESCA:
a)      EL PADRE ISLA: José Francisco de Isla es el gran satírico del siglo XVIII. Su capacidad polémica y su sarcasmo es desbordante y hasta despiadado en ocasiones.  Citemos como ejemplos Las cartas de Juan de Encina, obra escrita contra los métodos curativos de los cirujanos sangradores; y su obra  maestra: Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (el gran orador satirizado es Fray Hortensio Paravicino), publicada en dos partes y bajo el nombre de un amigo: Francisco Lobón de Salazar. Se trata de una obra que ataca a la excesiva retórica y la mala formación de los clérigos. Pretende combatir un estilo literario y una manera de ser y pensar retórica y enfática. Esta obra es una novela satírica en torno a un mal predicador, pero encierra una parte didáctica y escenas de costumbres.
b)      DIEGO DE TORRES VILLARROEL: este ilustrado se sitúa en el pasado para analizar el presente y su estilo es muy cercano de Quevedo. Escribió Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por la corte (1727 – 1728), que se trata de una sátira social, con influencia de los Sueños de Quevedo, que ofrece una documentada panorámica de las costumbres y oficios españoles de su tiempo. Utiliza todos los elementos que le puedan servir para satirizar y caricaturizar a sus personajes. Otra obra de Torres es La barca de Aqueronte, donde vuelve a usar el sueño como procedimiento de análisis de la realidad social.


5.      LA PROSA SATÍRICO – NOVELESCA:
a)      JOSÉ CADALSO: es uno de los críticos más importantes de su siglo. Escribió obras como Los eruditos a la violeta, de 1772, obra dedicada a quienes pretenden saber mucho estudiando poco. Es muy probable que tomara como fuente para esta obra La culta latiniparla, de Quevedo. 
Su sátira se basa en la ironía que hay en las lecciones de petulancia y vanidad que el maestro da a sus discípulos.
Su mejor obra, Las cartas marruecas, comenzaron a ser redactadas hacia 1768, pero se publicaron en 1789. Se trata de la correspondencia entre tres personajes: Nuño, Gazel y Ben – Beley (todos son Cadalso). A través de esta ficción, el extrañamiento de un forastero árabe y musulmán, critica las costumbres de su propio país. El tema central es España: el carácter español, la historia, la enseñanza, el atraso de las ciencias, la inutilidad y ociosidad de los nobles, el abandono de la agricultura, el inmovilismo, etc.  Y también hay temas de corte costumbrista; así, aparecen los toros, las modas en el vestir, en el hablar, etc.
Destacar también Noches lúgubres, con el tema de la “difunta pleiteada”, que es una elegía en prosa poética con elementos que la hacen cercana al romanticismo: mezcla de géneros, tono doliente y subjetivo y ambientes nocturnos y sepulcrales.

b)      GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS: vinculado a ciudades como Sevilla, Madrid y Gijón con cargos tan importantes como Alcalde del Crimen de la Audiencia y  Alcalde de la Casa y Corte, pudo frecuentar los círculos literarios e intelectuales más importantes de cada ciudad.  Aparte de su obra poética y dramática (que ya veremos más adelante) escribió obras como el Discurso de ingreso en la Academia de la Historia,  Elogio de Carlos III o El informe sobre la Ley Agraria. En la obra citada en segundo lugar, analiza las ideas reformadoras del despotismo ilustrado y defiende el siglo XVI. En EL informe sobre la Ley Agraria expone sus ideas, que se basan en el rechazo de la intromisión del Estado en la economía, la utilización de baldíos y tierras comunales, la abolición de muchos privilegios de la Mesta y la desamortización civil y eclesiástica. Es una obra muy compleja, síntesis de su pensamiento político – social y reformador, de sus ideas históricas sobre las causas de la decadencia española y sus planes como educador.
Sus preocupaciones también se dirigieron hacia las Bellas Artes y así escribió Elogio de las Bellas Artes y Elogio de Ventura Rodríguez, arquitecto mayor de la Corte.
Su Epistolario y sus Diarios también resultan muy interesantes.

2.     LA LÍRICA:

1. LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO:
Los siglos XVII y XVIII se unen en cierto barroquismo adaptado a una sensibilidad más mórbida y menos solemne, se trata del Rococó. Un rasgo principal de la literatura dieciochesca es la ruptura de los límites entre la poesía y la prosa (fenómeno que afecta tanto a la poesía como a la rosa lógicamente), no se trata de una bandera de libertad poética, sino de la búsqueda del carácter utilitario que  se le da al verso o a la prosa en un determinado momento.
Dentro del estilo Rococó, que un sector de la crítica ha llamado “movimiento de transición”, destacaron figuras como el Conde de Torrepalma y José Antonio Porcel y Salablanca. Ambos escribieron (entre otras obras) poesía mitológica, así, el primero gozó de fama gracias a su poema Deucalión, de 1770 (que es una amplificación del libro I de las Metamorfosis de Ovidio). En el caso de Porcel y Salablanca destacaremos su poema Adonis. En ambos aparecen los motivos típicos del Rococó: la miniaturización de los objetos y escenas hasta convertirlos en cuadros decorativos, el tono íntimo plagado de diminutivos, etc.

2. AUTORES DE MEDIADOS DEL SIGLO:
Avanzando el siglo nos vamos adentrando cada vez más en el Neoclasicismo y en los principios de Ignacio Luzán plasmados en su Poética, donde encontramos los dos principios fundamentales del Neoclasicismo: aspiración al ideal estético clásico y la búsqueda de perfección formal (a través de la imitación de la naturaleza) con una doble finalidad: utilidad y deleite.
Es enmarcado en esta situación donde encontramos a Nicolás Fernández de Moratín, capitaneando al grupo literario madrileño, con ilustrados como Cadalso, Iriarte, Conti o Signorelli. A pesar de la apasionada defensa de Moratín del neoclasicismo, lo mejor de su lírica es de carácter nacional y tradicional, así debemos destacar su Fiesta de toros en Madrid y Oda a Pedro Romero, torero insigne. También mencionar, con reminiscencias del romancero tradicional, Romances moriscos. 

3. DESDE 1770 EN ADELANTE:
Más jóvenes que los antes citados son los miembros del grupo salmantino, grupo que desarrolla su actividad literaria a partir de 1770. La fecha clave es 1776, que es cuando Jovellanos les escribió desde Sevilla la Carta de Jovino a sus amigos salmantinos, carta en la que los exhortaba para que abandonasen la poesía amorosa y cultivasen otra de enaltecimiento de la patria, los héroes y el bien y la virtud. Entre estos jóvenes están Meléndez Valdés (del que hablaremos más tarde), Fray Diego González, Cadalso por poco tiempo, José Mª Vaca de Guzmán, Pedro Montengón y Francisco Gregorio de Salas.

Mención importante merecen también los fabulistas; dos fueron los más importantes:
a)      TOMÁS DE IRIARTE:  empezó su labor con un poema didáctico titulado “La música” (1779). Pese a su fama en el extranjero, en España no fue bien recibido por las deficiencias de su ritmo y acentuación y su prosaísmo. Sus Fábulas literarias son de 1782. En ellas aparecen los principios clásicos y las reglas junto con las enseñanzas intemporales. Llegó a obsesionarle la claridad y se observa en él una deliberada contención retórica, que es lo que le acerca al prosaísmo.
b)      FÉLIX MARÍA DE SAMANIEGO: publicó en 1781 sus Fábulas en verso castellano. Sigue de cerca los modelos de Esopo, Fedro y sobre todo de La Fontaigne. Se trata de composiciones satíricas y paródicas con fines didácticos. También se le acusó de prosaísmo.

LOS PRINCIPALES POETAS:
A)    JOVELLANOS:
Tuvo un destacado papel como orientador de los jóvenes poetas. Se caracteriza, así pues, por sus prácticas docentes. La temática amorosa le parecía poco seria, poco apropiada. Aun así se permitió dos excepciones: la elegía A la ausencia de Marina y la primera versión de Epístola desde el Paular, dedicada a Gracia Olavide, “Enarda”, de cuyo desdén se consuela en la naturaleza. Vemos en este poema la intimidad del poeta, ambientes otoñales, tristes y misteriosos, cercanos al Romanticismo. La segunda versión de esta Epístola elimina la parte amorosa y la sustituye por reflexiones sobre el azar y los peligros del mundo, que le inducen igualmente a buscar la paz n el retiro de la naturaleza.
Son muy importantes también sus sátiras: Contra las malas costumbres de las mujeres nobles, por ejemplo y su poesía didáctica y filosófica, formada por un grupo de epístolas dedicadas a poetas como Meléndez Valdés o Moratín.

B)    JUAN MELÉNDEZ VALDÉS:
Ha sido considerado como el mejor poeta del siglo XVIII y síntesis de todas las corrientes de su época (poesía ilustrada, rococó, neoclasicismo y prerromanticismo). Estuvo en contacto con la escuela salmantina (como ya hemos dicho) y recibió la influencia de Cadalso y de Jovellanos, posteriormente.  A su gran sensibilidad poética se une su permeabilidad y receptividad literaria. 
Escribió numerosas y perfectas anacreónticas, con huellas de Tibulo, Propercio y Catulo; debemos destacar Los besos del amor. Una poesía bien distinta es la de sus Epístolas, donde expone sus ideas de reforma y progreso. Así El filósofo en el campo (sobre los males del agricultor). Y encontramos algo parecido en sus Odas: Oda a la verdad, El fanatismo, etc.
El mérito de Meléndez, en su época, es el de elevar el estilo poético, evitando lo retórico y el prosaísmo, tarea muy difícil en aquel siglo XVIII.

C)    LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN:
Si Meléndez es considerado el mejor poeta del siglo XVIII, Moratín hijo, es el mejor poeta neoclásico, debido a la contención y a la elevación de sus asuntos y su estilo.
En su Lección poética. Sátira contra los vicios introducidos en la poesía castellana, de 1782, censura los defectos literarios por géneros. Resulta muy interesante. Pero es en sus sonetos, elegías y odas donde alcanza el ideal neoclásico más perfecto.

D) NICASIO ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS:
Se dice que cuando está cuajando la Ilustración, una corriente sentimentalista recorre Europa. Podía cuajar perfectamente este sentimentalismo porque la Ilustración era un movimiento filantrópico, que lleva a un fuerte sentido de la amistad, y no es difícil que usasen la sentimentalidad para expresarlo. Así, el Prerromanticismo está representado por Nicasio Álvarez de Cienfuegos, que realizó una ruptura tanto en el nivel métrico (mayor libertad), como en el léxico – semántico, donde se hace eco de profundas inquietudes humanitarias, de fraternidad, de progreso, etc.
La novedad de su lenguaje poético está en la incorporación de palabras inusuales, arcaicas o neologismos, creación de sintagmas peculiares y sintaxis entrecortada (entre otros rasgos).
Entre sus obras, destacaremos El otoño, Mi paseo solitario de primavera y La rosa del desierto.

4. TRAS LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA:
Destacan poetas como José María Blanco – White, con una obra lírica elegante y armoniosa y como enlace con la generación siguiente, el educador y profesor Alberto Lista.

3.     EL TEATRO:

Con la Poética de Luzán, publicada en 1737, comienza la polémica y continúan las censuras que se hacen contra el teatro barroco español. Los autos sacramentales serán prohibidos en 1765 y Nicolás Fernández de Moratín estrenará La Petimetra como ejemplo de comedia neoclásica (en esta obra se critica a doña Jerónima, la petimetra, y se usa a María como prototipo de modelo femenino, como alternativa a la petimetra. Es una obra llena de pragmatismo y didactismo) y Lucrecia como ejemplo de tragedia.

1.      LA PERVIVENCIA DEL TEATRO BARROCO:
Un gran número de escritores están haciendo teatro barroco, pero mencionaré a Antonio Zamora, con su obra No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y El convidado de piedra, versión del Burlador de Tirso y un paso más en la evolución del mito hacia el personaje;  y también a  José de Cañizares , cuya obra más famosa es El picarillo de España, señor de la Gran Canaria. 

2.      LA TRAGEDIA NEOCLÁSICA:
Se siguió a la tragedia francesa en la estructura dramática, pero los temas eran históricos nacionales. Aquí destacaron Nicolás Fernández de Moratín con la tragedia Lucrecia, con Hormesinda y con Guzmán el Bueno, de 1763, 1770 y 1777 respectivamente. Hay que decir que no tuvo éxito.
También José Cadalso entró en este subgénero dramático con Sancho García, de 1771, donde la condesa viuda de Castilla está dispuesta a matar a su hijo por el falso amor de un rey moro.
Ignacio López de Ayala nos dejó una Numancia destruida, de 1775, que no fracasó del todo y que hace un llamamiento a la unidad y centralización del poder bajo Carlos III.
Vicente García de la Huerta escribió la tragedia de mayor interés del siglo, se trata de Raquel, la historia de la amante judía del rey Alfonso VIII, asesinada por los nobles del reino.  La tesis del autor es que debe haber un orden social y una moral social; roto todo por Raquel. Se trata de un tema ya usado, de hecho las fuentes parecen ser Diamante y Luis Ulloa Pereira; pero García de la Huerta ha cambiado el final, porque según la tradición, el rey se venga de sus caballeros tras matar a Raquel, aquí, el rey comprende a los caballeros y los perdona: un final muy en la línea ilustrada (nunca castigar con la muerte). Esta obra tiene mucho valor político porque establece determinados paralelismos con el Motín de Esquilache. Es muy interesante la evolución de la protagonista, que va de mujer ambiciosa a víctima enamorada. Se trata de una obra que merece mucho más detenimiento puesto que hay personajes que representan distintos valores (Rubén es el economista ilustrado y es el malo; Hernán García con argumentos nobles, etc) Parece ser que García de la Huerta está defendiendo el papel de la nobleza dentro del Motín.
Cienfuegos también se lanzó a escribir tragedias y nos dejó, entre otras, La condesa de Castilla y Pitaco (parecida a Electra, de Sófocles).



3.      LA COMEDIA:
Tomás de Iriarte escribió en 1783 El señorito mimado, comedia en la que nos muestra los resultados de la mala educación de la nobleza en la persona de un joven enviciado en el juego. Alcanzó mucho éxito por el trazado de los personajes y la naturalidad de su lenguaje coloquial. De 1788 es La señorita malcriada, la variante femenina del tema anterior.  En ambas comedias mantiene la tesis de que la naturaleza del personaje viene dada por el medio en el que se desenvuelve.
Leandro Fernández de Moratín escribió El viejo y la niña en 1786, La comedia nueva o el café, de 1792, sátira contra el tipo de teatro que deseaban combatir los neoclásicos: más que el teatro barroco, su degeneración dieciochesca.
En La mojigata nos presenta la hipocresía de una chica que finge ser muy religiosa cuando en realidad tiene muchas aventuras.
El sí de las niñas, de 1806, es una obra en la que retoma el tema de los casamientos desiguales de niña con viejo. En ella Paquita, recién salida de un convento, es obligada por su madre a casarse con el viejo Don Diego, pero ella está enamorada de un joven que resulta ser el sobrino de su futuro marido, a quien llama pidiendo ayuda. Acude él  y al conocer a su rival, está dispuesto a renunciar a su amor. Don Diego replantea la situación y permite, como voz de la experiencia, que los jóvenes se casen.
Esta obra sigue escrupulosamente las reglas, con naturalidad y sencillez. Los diálogos son espontáneos y los caracteres están muy bien trazados. La intriga se mantiene hasta el final.
Juan Pablo Forner también escribió comedias.

4.      LA COMEDIA SENTIMENTAL O LACRIMOSA:
Procedente de Francia, combina elementos cómicos y sentimentales (pero no llega a lo trágico ni a lo dramático) para conseguir su propósito moral o pedagógico bajo un final feliz. Seguía los ideales lingüísticos de sencillez y las unidades clásicas. Quería lograr la verosimilitud del sentimiento, sin llegar al ridículo y la enseñanza moral que echaban de menos en los autores barrocos.
La comedia más importante perteneciente a este género es El delincuente honrado, de Jovellanos. Aparecen en esta comedia dos personajes que son dos conceptos diferentes de la ley: Don Justo, que observa la ley y procura adaptar a ésta valores morales; y Don Simón, que se limita a aplicar las normas sin ningún tipo de análisis. Por supuesto, la tesis del autor, que sigue a Montesquieu está a favor de Don Justo y la aplicación de la ley en función de los usos y costumbres de cada nación. Se trata de un concepto de justicia humano y flexible y un concepto de las reformas que puedan hacerse no radicales sino progresivas.  Jovellanos conocía muy bien la obra de Beccaria: De los delitos y las penas, obra donde aparece la idea de que las penas tienen que ser proporcionales a los delitos. Respecto al tema de los duelos, ambos, Jovellanos y Beccaria pensaban que había que castigar al retador y no al retado. Aunque en esta época se condenaba a muerte al superviviente del duelo, éstos no disminuían y es que era más fuerte la costumbre que el miedo a morir. Había que educar a toda la sociedad.  

5.      EL TEATRO POPULAR: DON RAMÓN DE LA CRUZ:
Pervive en el siglo XVIII una forma de teatro popular, el sainete. Es una pieza en un acto y cómica; se trata de la forma dieciochesca del entremés, que se representaba intercalada en una obra extensa o al final de ésta. Concedía gran importancia al elemento visual y espectacular del teatro y por supuesto, estaba al margen de las unidades dramáticas y contenía rasgos de pintoresquismo y de costumbrismo.
Hay que hablar de la intención satírica y moralizadora del autor, que se limita a los aspectos más superficiales y simplemente cómicos: médicos, abogados, clérigos, beatas, viejos verdes, maridos dominados por sus esposas, etc. Don Ramón de la Cruz no era un ilustrado, su finalidad es la de divertir. Evidentemente, los reformadores lo criticaron, siendo los más hostiles Moratín, Iriarte, etc.
Los temas tratados en los sainetes están encabezados por los de la vida de la Corte: El rastro por la mañana, El Prado por la noche, Las tertulias de Madrid, Los pobres con mujer rica, La república de las mujeres, etc.
Lo más valioso de su estilo es la viveza de los diálogos.

4.     OTROS GÉNEROS:

Es casi obligado hablar de uno de los primeros ilustrados: Gregorio Mayáns y Siscar, que fundó los estudios de lengua y literatura castellana y fue quien trasladó las premisas científicas dieciochescas al campo de las humanidades.
Fue editor y comentarista de Nebrija, de Luis Vives, de Fray Luis de León, entre otros.  Y es el autor de la primera Vida de Miguel de Cervantes y de una Gramática latina en castellano, en defensa de la lengua vernácula.
En el campo de la Historiografía destacó el Padre Enrique Flórez con su maravillosa obra España Sagrada, iniciada en 1747, y con veintisiete volúmenes.

5.     CONCLUSIÓN:

Es probable que en cuanto a calidad estilística, este siglo sea inferior a otros, pero desde luego no podemos quitarle el mérito indiscutible que tiene este Siglo de las Luces: el intento, a veces fustrado, de renovación ideológica, científica, política, religiosa, literaria y artística. Gracias a la lucha de estos ilustrados España avanzó en todos estos terrenos, no logró ponerse a la altura de Europa, pero hizo el gran esfuerzo de intentarlo y gracias a ellos, es posible que hoy no nos retemos en duelos en medio de la calle y no nos vengamos de nuestros vecinos para defender nuestro honor con un castigo tan terrible como la muerte. Esto se lo debemos a pensadores como el Padre Feijoo, el Padre Sarmiento, Jovellanos, Iriarte, Moratín, etc. y también debemos mucho a Don Ramón de la Cruz, que sin duda alguna, nos enseñó a reírnos de nosotros mismos de una forma sana.
La Ilustración enseñó a progresar, se trata de la conquista de la libertad.
Respecto a los distintos subgéneros que encontramos en este siglo, hay que decir que Neoclasicismo y Prerromanticismo tienen en común la ideología y la actitud rebelde, pero eligen distintas formas. Incluso podríamos considerar que la Ilustración tiene un tema prerromántico, pero con forma neoclásica.

El siglo XVIII es un siglo muy grande que se merecería más de un tema en este temario oficial.

 ¿Todo para el pueblo...?

FRAGMENTOS 
DE LA LITERATURA
DEL SIGLO XVIII

Jean Jacques Rousseau, Emilio, o de la educación  

"(...) No puedo menos de poner aquí en evidencia la pretendida dignidad de los ayos, que por representar el impertinente papel de sabios desairan a sus alumnos, tratándolos con afectación, como si fueran niños, y distinguiéndose siempre de ellos en todo lo que les obligan a hacer. Muy lejos de abatir así su pecho juvenil, no omitáis nada para el fin de levantar su ánimo, hacedlos iguales vuestros, para que de esta forma lo sean, y si aún no pueden subir hasta vosotros, bajaos sin escrúpulos ni vergüenza hasta ellos. Pensad que vuestro honor se cifra más en vuestro alumno que en vos; tomad parte en sus yerros, con el fin de que se enmiende en ellos; haceos responsable de su ignominia con el fin de que se borre; imitad a aquel valiente romano que, viendo huir a su ejército y no pudiendo reunirle, corrió al frente de sus soldados gritando: «No huyen, sino que siguen a su capitán». ¿Se deshonró con eso? Al contrario, aumentó su gloria. La fuerza de la obligación y la hermosura de la virtud nos arrastran involuntariamente y arruinan nuestras desatinadas preocupaciones. Si me propinaran una bofetada desempeñando mis obligaciones en presencia de Emilio, lejos de vengarme me alegraría haberla recibido y dudo que se hallara hombre tan despreciable que por eso no me respetase más aún.(...) "

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  Thomas Hobbes, Leviatán
Fragmento 1. 
"El uso general del lenguaje consiste en trasponer nuestros discursos mentales en verbales: o la serie de nuestros pensamientos en una serie de palabras, y esto con dos finalidades [...]. Así, el primer uso de los nombres es servir como marcas o notas del recuerdo. Otro uso se advierte cuando varias personas utilizan las mismas palabras para significar [...]. Y para este uso se denominan signos. Usos especiales del lenguaje son los siguientes: primero, registrar lo que por meditación hallamos ser la causa de todas las cosas, [...]. En segundo término, mostrar a otros el conocimiento que hemos adquirido, [...]. En tercer término, dar a conocer a otros nuestras voluntades y propósitos, [...]. En cuarto lugar, complacernos y deleitarnos nosotros y los demás, jugando con nuestras palabras [...]. A estos usos se oponen cuatro vicios correlativos: Primero, cuando los hombres registran sus pensamientos equivocadamente, [...].
En segundo lugar, cuando usan palabrasmetafóricamente, [...]. En tercer lugar, cuando por medio de palabras declaran cuál es suvoluntad, y no es cierto. En cuarto término, cuando usan el lenguaje para agraviarse unos a otros [...]." 
Fragmento 2.
"[...] el uso de palabras para registrar nuestros pensamientos en nada resulta tan
evidente como en la numeración. Un imbécil de nacimiento [...] puede observar cada uno
de los toques de la campana y asentir a ellos, o decir uno, uno, uno; pero nunca sabrá qué
hora es. [...]"

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El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín. Estrenada en 1806.
Fragmento 1

"DON DIEGO: Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo manden, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo."

Fragmento 2.
Acto I
[Entran en escena doña Francisca (Paquita en este resumen) y su madre, doña Irene. Vienen desde el convento en el que Paquita vivía para reunirse con el novio. Ambas junto con don Diego charlan sobre los pormenores de la elección de Paquita (ésta claro está solo se casa porque se lo manda su madre, ella vive enamorada de don Carlos]

D. DIEGO Es verdad. Sólo falta que la parte interesada tenga la misma satisfacción que manifiestan cuantos la quieren bien.
DOÑA IRENE Es hija obediente, y no se apartará jamás de lo que determine su madre.
D. DIEGO Todo eso es cierto; pero…
DOÑA IRENE Es de buena sangre, y ha de pensar bien, y ha de proceder con el honor que la corresponde.
D. DIEGO Sí, ya estoy; pero ¿no pudiera, sin faltar a su honor ni a su sangre…?
DOÑA FRANCISCA ¿Me, voy, mamá? (Se levanta y vuelve a sentarse.)
DOÑA IRENE No pudiera, no señor. Una niña bien educada, hija de buenos padres, no puede menos de conducirse en todas ocasiones como es conveniente y debido.

[Se cierra el acto con que la noticia de la llegada de don Carlos a la posada. Informado de los planes de boda  ha venido para tratar de impedirlo. Paquita recobra la ilusión y la esperanza de que pueda solucionarse todo]

Fragmento 3. 
Acto II
[(Escena V) De nuevo están juntos dialogando, doña Irene, don Carlos y Paquita. Don Diego sigue sospechando de los verdaderos sentimientos de Paquita, duda de si se casa porque quiere o porque su madre se lo manda ]

D. DIEGO Puede que esté llena de miedo, y no se atreva a decir una palabra que se oponga a lo que su madre quiere que diga… Pero si esto hubiese, por vida mía que estábamos lucidos.
DOÑA FRANCISCA No, señor; lo que dice su merced, eso digo yo; lo mismo. Porque en todo lo que me mande la obedeceré.
D. DIEGO ¡Mandar, hija mía!… En estas materias tan delicadas los padres que tienen juicio no mandan. Insinúan, proponen, aconsejan; eso sí, todo eso sí; ¡pero mandar!… ¿Y quién ha de evitar después las resultas funestas de lo que mandaron?… Pues ¿cuántas veces vemos matrimonios infelices, uniones monstruosas, verificadas solamente porque un padre tonto se metió a mandar lo que no debiera?… ¡Eh! No, señor; eso no va bien… Mire usted, Doña Paquita, yo no soy de aquellos hombres que se disimulan los defectos. Yo sé que ni mi figura ni mi edad son para enamorar perdidamente a nadie; pero tampoco he creído imposible que una muchacha de juicio y bien criada llegase a quererme con aquel amor tranquilo y constante que tanto se parece a la amistad, y es el único que puede hacer los matrimonios felices. Para conseguirlo no he ido a buscar ninguna hija de familia de estas que viven en una decente libertad… Decente, que yo no culpo lo que no se opone al ejercicio de la virtud. Pero ¿cuál sería entre todas ellas la que no estuviese ya prevenida en favor de otro amante más apetecible que yo? Y en Madrid, figúrese usted en un Madrid… Lleno de estas ideas me pareció que tal vez hallaría en usted todo cuanto deseaba.
DOÑA IRENE Y puede usted creer, señor D. Diego, que…
D. DIEGO Voy a acabar, señora; déjeme usted acabar. Yo me hago cargo, querida Paquita (…) sepa usted que yo no quiero nada con violencia. (…).
DOÑA IRENE ¿Puedo hablar ya, señor?
D. DIEGO Ella, ella debe hablar, y sin apuntador y sin intérprete.
DOÑA IRENE Cuando, yo se lo mande.
D. DIEGO Pues ya puede usted mandárselo, porque a ella la toca responder… Con ella he de casarme, con usted no.
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Prosa didáctica, Cartas marruecas, de José Cadalso. Publicada en 1789.

Carta XLIV

De Nuño a Gazel, respuesta de la antecedente


Empiezo a responder a tu última carta por donde la acabaste. Confírmate en la idea de que la naturaleza del hombre está corrompida y, para valerme de tu propia expresión, suele viciar hasta las virtudes mismas. La economía es, sin duda, una virtud moral, y el hombre que es extremado en ella la vuelve en el vicio llamado avaricia; la liberalidad se muda en prodigalidad, y así de las restantes. El amor de la patria es ciego como cualquiera otro amor; y si el entendimiento no le dirige, puede muy bien aplaudir lo malo, desechar lo bueno, venerar lo ridículo y despreciar lo respetable. De esto nace que, hablando con ciego cariño de la antigüedad, va el español expuesto a muchos yerros siempre que no se haga la distinción siguiente. En dos clases divido los españoles que hablan con entusiasmo de la antigüedad de su nación: los que entienden por antigüedad el siglo último, y los que por esta voz comprenden el antepasado y anteriores.

El siglo pasado no nos ofrece cosa que pueda lisonjearnos. Se me figura España desde fin de 1500 como una casa grande que ha sido magnífica y sólida, pero que por el discurso de los siglos se va cayendo y cogiendo debajo a los habitantes. Aquí se desploma un pedazo del techo, allí se hunden dos paredes, más allá se rompen dos columnas, por esta parte faltó un cimiento, por aquélla se entró el agua de las fuentes, por la otra se abre el piso; los moradores gimen, no saben dónde acudir; aquí se ahoga en la cuna el dulce fruto del matrimonio fiel; allí muere de golpes de las ruinas, y aun más del dolor de ver a este espectáculo, el anciano padre de la familia; más allá entran ladrones a aprovecharse de la desgracia; no lejos roban los mismos criados, por estar mejor instruidos, lo que no pueden los ladrones que lo ignoran.

Si esta pintura te parece más poética que verdadera, registra la historia, y verás cuán justa es la comparación. Al empezar este siglo, toda la monarquía española, comprendidas las dos Américas, media Italia y Flandes, apenas podía mantener veinte mil hombres, y ésos mal pagados y peor disciplinados. Seis navíos de pésima construcción, llamados galeones, y que traían de Indias el dinero que escapase los piratas y corsarios; seis galeras ociosas en Cartagena, y algunos navíos que se alquilaban según las urgencias para transporte de España a Italia, y de Italia a España, formaban toda la armada real. Las rentas reales, sin bastar para mantener la corona, sobraban para aniquilar al vasallo, por las confusiones introducidas en su cobro y distribución. La agricultura, totalmente arruinada, el comercio, meramente pasivo, y las fábricas, destruidas, eran inútiles a la monarquía. Las ciencias iban decayendo cada día. Introducíanse tediosas y vanas disputas que se llamaban filosofía; en la poesía admitían equívocos ridículos y pueriles; el Pronóstico, que se hacía junto con el Almanak, lleno de insulseces de astrología judiciaria, formaba casi toda la matemática que se conocía; voces hinchadas y campanudas, frases dislocadas, gestos teatrales iban apoderándose de la oratoria práctica y especulativa. Aun los hombres grandes que produjo aquella era solían sujetarse al mal gusto del siglo, como hermosos esclavos de tiranos feísimos. ¿Quién, pues, aplaudirá tal siglo?

Pero ¿quién no se envanece si se habla del siglo anterior, en que todo español era un soldado respetable? Del siglo en que nuestras armas conquistaban las dos Américas y las islas de Asia, aterraban a África e incomodaban a toda Europa con ejércitos pequeños en número y grandes por su gloria, mantenidos en Italia, Alemania, Francia y Flandes, y cubrían los mares con escuadras y armadas de navíos, galeones y galeras; del siglo en que la academia de Salamanca hacía el primer papel entre las universidades del mundo; del siglo en que nuestro idioma se hablaba por todos los sabios y nobles de Europa. ¿Y quién podrá tener voto en materias críticas, que confunda dos eras tan diferentes, que parece en ellas la nación dos pueblos diversos? ¿Equivocará un entendimiento mediano un tercio de españoles delante de Túnez, mandado por Carlos I, con la guardia de la cuchilla de Carlos II? ¿A Garcilaso con Villamediana? ¿Al Brocense con cualquiera de los humanistas de Felipe IV? ¿A don Juan de Austria, hermano de Felipe II, con don Juan de Austria, hijo de Felipe IV? Créeme que la voz antigüedad es demasiado amplia, como la mayor parte de las que pronuncian los hombres con sobrada ligereza.

La predilección con que se suele hablar de todas las cosas antiguas, sin distinción de crítica, es menos efecto de amor hacia ellas que de odio a nuestros contemporáneos. Cualquiera virtud de nuestros coetáneos nos ofende porque la miramos como un fuerte argumento contra nuestros defectos; y vamos a buscar las prendas de nuestros abuelos, por no confesar las de nuestros hermanos, con tanto ahínco que no distinguimos al abuelo que murió en su cama, sin haber salido de ella, del que murió en campaña, habiendo vivido siempre cargado con sus armas; ni dejamos de confundir al abuelo nuestro, que no supo cuántas leguas tiene un grado geográfico, con los Álavas y otros, que anunciaron los descubrimientos matemáticos hechos un siglo después por los mayores hombres de aquella facultad. Basta que no les hayamos conocido, para que los queramos; así como basta que tratemos a los de nuestros días, para que sean objeto de nuestra envidia o desprecio.

Es tan ciega y tan absurda esta indiscreta pasión a la antigüedad, que un amigo mío, bastante gracioso por cierto, hizo una exquisita burla de uno de los que adolecen de esta enfermedad. Enseñóle un soneto de los más hermosos de Hernando de Herrera, diciéndole que lo acababa de componer un condiscípulo suyo. Arrojólo al suelo el imparcial crítico, diciéndole que no se podía leer de puro flojo e insípido. De allí a pocos días, compuso el mismo muchacho una octava, insulsa si las hay, y se la llevó al oráculo, diciendo que había hallado aquella composición en un manuscrito de letra de la monja de Méjico. Al oírlo, exclamó el otro diciendo: -Esto sí que es poesía, invención, lenguaje, armonía, dulzura, fluidez, elegancia, elevación -y tantas cosas más que se me olvidaron-; pero no a mi sobrino, que se quedó con ellas de memoria, y cuando oye se lee alguna infelicidad del siglo pasado delante de un apasionado de aquella era, siempre exclama con increíble entusiasmo irónico: -¡Esto sí que es invención, poesía, lenguaje, armonía, dulzura, fluidez, elegancia, elevación!

Espero cartas de Ben-Beley; y tú manda a Nuño.

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El delincuente honrado, de Gaspar Melchor de Jovellanos

Escena IV
 
JUSTO, con voz interrumpida.
 

JUSTO.-  ¡Hijo infeliz...! Yo soy quien te priva de la inocente vida... Lo que hice por salvarle ha sido tan poco... ¡Qué idea tan horrible...! Pero no hay remedio... Bien presto la fúnebre campana me avisará de su muerte...  (Levantándose asustado.)  Ya parece que suena en mis oídos. ¡Santo Dios! (Paseándose por la escena con suma inquietud.)  No hallo sosiego en parte alguna. ¡Hijo desdichado! ¿Es posible...? ¿Conque tu inocencia, tus virtudes, los ruegos de un amigo, los tiernos suspiros de una esposa, las lágrimas de un padre y el sentimiento universal de la naturaleza, nada pudo librarte de la muerte; de una muerte tan acerba y tan ignominiosa...? ¡Buen Dios! ¿Por qué no le socorres...  (Asustado.)  ¿Pero qué ruido se oye? ¿Si estará ya expirando?


Escena V
 
SIMÓN, LAURA, JUSTO.
 
 
LAURA entra en la escena corriendo, desgreñada y llorosa, y su padre deteniéndola.
 

SIMÓN.-    (Desde el fondo.)  Señor, señor; no puedo detenerla. Un solo instante que nos descuidamos...

LAURA.-    (Mirando a todas partes.)  No, no; todos me engañan. ¡Crueles! ¿Por qué me quitáis a mi esposo? ¿Dónde está? ¡Qué!, ¿no parece? ¿Se le han llevado ya? ¡Verdugos! ¡Crueles verdugos de mi inocente esposo! ¿Estaréis ya contentos...? No, él no ha muerto aún, pues yo respiro. Dejadme, dejadme que vaya a acompañarle; que la sangrienta espada corte a un mismo tiempo nuestros cuellos... ¡Querido esposo! ¡Ah! Tú lucharás también con tus verdugos por venir a unirte con tu Laura. ¿Por qué no quieren que expiremos juntos?

JUSTO.-    (Procurando templar a LAURA.)  ¡Hija...!

LAURA.-    (Mirándole con horror.) Yo no soy vuestra hija, ¡cruel!, yo no soy vuestra hija. Vos me habéis quitado mi esposo; sí, vos me le habéis quitado. Y no os disculpéis con las leyes, con esas leyes bárbaras y crueles, que sólo tienen fuerza contra los desvalidos.

JUSTO.-  ¡Qué alma podrá resistir a tantas aflicciones!
 
(Se oye a lo lejos una confusa gritería, y casi al mismo tiempo el toque de la campana que se acostumbra en semejantes casos.)
 
Pero, ¡qué oigo! ¡Qué rumor...! ¡Oh, santo Dios! Recibe su espíritu.

 
(Se vuelve a arrojar en la silla, tomando la misma situación en que antes estuvo. LAURA corre como furiosa; su padre manifiesta también mucho dolor, y la sigue sin hablar.)
 

LAURA.-  ¡Qué! ¿Ya expiró? No, no puede ser... Mi esposo... ¡Oh, triste; oh, desdichado esposo...! Tu sangre corre ya derramada... ¡Ah!, voy a detenerla.  (Hace un esfuerzo por salir de la escena, y cae al suelo, oprimida del dolor.) 

SIMÓN.-  ¡Hija mía! ¡Hija de mi vida...! ¡Ah!, que no respira.

 
(Aquí se hace una larga pausa, y durante ella continúa el sonido de la campana.)
 

JUSTO.-  Este melancólico silencio llena mi alma de luto y de pavor. ¡Eterno Dios! ¡Tú has recibido ya su espíritu en la morada de los justos!

SIMÓN.-  Hija mía... ¡Oh, padre desdichado!

LAURA.-    (Volviendo en sí.)  Conque, ¿ya no hay remedio? Conque, el golpe fatal... No, yo no puedo vivir. ¡Querido esposo! ¡Ah, bárbaros! ¡Ah, crueles verdugos!

JUSTO.-  Buen Dios, pues nos envías esta tribulación, conforta nuestras almas para sufrirla.

SIMÓN.-  ¡Hija mía! ¡Querida Laura...!

LAURA.-    (Levantándose con furor.) ¿Y el justo cielo no vengará la sangre del inocente? ¡Oh, Dios! Atiende a mi ruego, y haz que perezcan los verdugos que le han asesinado; que la triste sombra de mi inocente esposo llene sus corazones de susto y de zozobra; que los gritos, los atroces lamentos de su viuda infeliz, resuenen siempre en sus almas impías, que sean eterno objeto de tu terrible cólera.  (Vuelve a caer en los brazos de su padre, como antes.) 

SIMÓN.-  ¡Hija...! El dolor la tiene sin sentido. ¡Hija mía...!

JUSTO.-  ¡Ah! ¡Su dolor es muy justo! ¡Desventurada...! Pero ¿qué nuevo rumor? ¿Qué habrá sucedido...?


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Noches lúgubres, de José Cadalso. Publicada en 1790.


"(...) ¡Hijos! ¡Sucesión! Éste que antes era tesoro con que Naturaleza regalaba a sus favorecidos, es hoy un azote con que no debiera castigar sino a los malvados. ¿Qué es un hijo? Sus primeros años..., un retrato horrendo de la miseria humana. Enfermedad, flaqueza, estupidez, molestia y asco... Los siguientes años..., un dechado de los vicios de los brutos, poseídos en más alto grado..., lujuria, gula, inobediencia... Más adelante, un pozo de horrores infernales..., ambición, soberbia, envidia, codicia, venganza, traición y malignidad; pasando de ahí... Ya no se mira el hombre como hermano de los otros, sino como a un ente supernumerario en el mundo. Créeme, Lorenzo, créeme. Tú sabrás cómo son los muertos, pues son el objeto de tu trato...; yo sé lo que son los vivos... Entre ellos me hallo con demasiada frecuencia... Éstos son..., no..., no hay otros; todos a cual peor... Yo sería peor que todos ellos si me hubiera dejado arrastrar de sus ejemplos.» «Sí; necio eres, y mereces compasión, si crees que esa voz tenga el menor sentido. ¡Amigos! ¡Amistad! Esa virtud sola haría feliz a todo el género humano. Desdichados son los hombres desde el día que la desterraron o que ella los abandonó. Su falta es el origen de todas las turbulencias de la sociedad. Todos quieren parecer amigos; nadie lo es. En los hombres, la apariencia de la amistad es lo que en las mujeres el afeite y composturas. Belleza fingida y engañosa... Nieve que cubre un muladar... Darse las manos y rasgarse los corazones; ésta es la amistad que reina. No te canses; no busco el cadáver de persona alguna de los que puedes juzgar. Ya no es cadáver.» «¡Qué triste me ha sido ese día! Igual a la noche más espantosa me ha llenado de pavor, tedio, aflicción y pesadumbre. ¡Con qué dolor han visto mis ojos la luz del astro, a quien llaman benigno los que tienen el pecho menos oprimido que yo! El sol, la criatura que dicen menos imperfecta imagen del Criador, ha sido objeto de mi melancolía. El tiempo que ha tardado en llevar sus luces a otros climas me ha parecido tormento de duración eterna... ¡Triste de mí! Soy el solo viviente a quien sus rayos no consuelan. Aun la noche, cuya tardanza me hacía tan insufrible la presencia del sol, es menos gustosa, porque en algo se parece al día. No está tan oscura como yo quisiera. ¡La luna! ¡Ah, luna! Escóndete, no mires en este puesto al más infeliz mortal.» «¿Si será esta noche la que ponga fin a mis males? La primera, ¿de qué me sirvió? Truenos, relámpagos, conversación con un ente que apenas tenía la figura humana, sepulcros, gusanos y motivos de cebar mi tristeza en los delitos y flaqueza de los hombres. Si más hubiera sido mi mansión al pie de la sepultura, ¿cuál sería el éxito de mi temeridad? Al acudir al templo el concurso religioso, y hallarme en aquel estado, creyendo que... ¿Qué hubieran creído? Gritarían: muera ese bárbaro que viene a profanar el templo con molestia de los difuntos y desacato a quien los crió.(...)"

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 Poesía del Neoclasicismo

Mas ya que ahora no puedo,
porque estás bien atizada,
si otra vez te hallo apagada,
sabré, perdiéndote el miedo,
darme una buena panzada». - See more at: http://albalearning.com/audiolibros/iriarte/22lechuza.html#sthash.x6gjzYlU.dpuf
 Poema 1. Fábula de "La hormiga y la pulga" de Tomás de Iriarte.

"Para no alabar las obras buenas, algunos las suponen de fácil ejecución


   Tienen algunos un gracioso modo


de aparentar que se lo saben todo,


pues cuando oyen o ven cualquiera cosa,


por más nueva que sea y primorosa,


muy trivial y muy fácil la suponen,


y a tener que alabarla no se exponen.


Esta casta de gente


no se me ha de escapar, por vida mía,


sin que lleve su fábula corriente,


aunque gaste en hacerla todo un día.


   A la pulga la hormiga refería


lo mucho que se afana,


y con qué industrias el sustento gana;


de qué suerte fabrica el hormiguero,


cuál es la habitación, cuál el granero,

cómo el grano acarrea,


repartiendo entre todas la tarea;


con otras menudencias muy curiosas


que pudieran pasar por fabulosas,


si diarias experiencias

no las acreditasen de evidencias.



   A todas sus razones


contestaba la pulga, no diciendo


más que estas u otras tales expresiones:


«Pues ya..., sí..., se supone, bien..., lo entiendo...,

ya lo decía yo..., sin duda..., es claro...,


está visto: ¿tiene eso algo de raro?»



   La hormiga, que salió de sus casillas


al oír estas vanas respuestillas,


dijo a la pulga: «Amiga, pues yo quiero

que venga usted conmigo al hormiguero.


Ya que con ese tono de maestra


todo lo facilita y da por hecho,


siquiera para muestra,


ayúdenos en algo de provecho».


   La pulga, dando un brinco muy ligera,


respondió con grandísimo desuello:


«¡Miren qué friolera!


Y ¿tanto piensas que me costaría?


Todo es ponerse a ello...

pero... tengo que hacer... Hasta otro día."


Poema 2, "A las musas", de Alberto Lista.

"Doctas Pimpleas, que las verdes faldas
moráis alegres del feliz Parnaso,
donde Castalia su inspirante onda
vierte suave;

Sed a mi canto fáciles, el día,
que vuestros dones celebrando grato,
del padre Betis el laurel frondoso
ciño a mi lira.

¿Y cuál primera mi atrevido acento
dirá a Vandalia, de canoros cisnes
madre fecunda, del divino Herrera
madre gloriosa?

Tú, Melpómene, del puñal infausto
la diestra armada, que al feroz guerrero
luciente aterra, cuando cae del hado
víctima triste;

o bien, Urania, de tu voz celeste
arrebatado, y la mansión etérea
diré de Jove, y el poder que temen
hombres y dioses:

que si fulmina su indignada diestra,
sobre los polos del excelso Olimpo
tiembla el palacio, la cabaña humilde
tiembla de Baucis.

Ya de Polimnia los festivos coros
seguiré alegre, cantaré las selvas
tuyas, oh Euterpe; o la que al vicio azota
Musa maligna.

Tú, dulce Erato, de mi amante pecho
nunca olvidada: que si bien los años
con triste hielo mi rugosa frente
ciñen y enfrían,

en otro tiempo me cediste el arpa,
donde resuenan tiernos los amores;
y el blando canto las hermosas ninfas
gratas oyeron.

Debí a tus dones en mi edad primera
gozos amables: rápidos volaron;
mas su memoria plácida tristeza
vierte a mi seno.

Tú, Musa augusta, que con santo plectro
muestras al hombre la virtud hermosa,
a ti mi lira, mi postrer aliento
rindo y dedico.

Por ti los muros de la antigua Tebas
levantó osada la anfionia lira;
por ti siguieron al ismario Orfeo,
montes y fieras:

por ti Delille, tierno y delicado,
gloria es del Sena: Pope más severo
por ti en la cumbre de Helicón sagrada
goza renombre.

Tú, dulce Clío, mi ferviente ruego
oye benigna: desusado canto
y audaz emprendo, que del sacro Betis
pare las ondas."


Poema 3, Anacreóntica, de Juan Meléndez Valdés.

                                                    "Viendo el Amor un día
                                                   que mil lindas zagalas
                                                   huían de él medrosas
                                                   por mirarle con armas,
                                                  dicen que, de picado,
                                                  les juró la venganza,
                                                  y una burla les hizo,
                                                 como suya, extremada.
                                                 Tornóse en mariposa,
                                                 los bracitos en alas,
                                                 y los pies ternezuelos
                                                 en patitas doradas.
                                                 ¡Oh! ¡qué bien que parece!
                                                 ¡Oh! ¡qué suelto que vaga,
                                                 y ante el sol hace alarde
                                                 de su púrpura y nácar!
                                                 Ya en el valle se pierde,
                                                 ya en una flor se para,
                                                 ya otra besa festivo,
                                                 y otra ronda y halaga.
                                                Las zagalas, al verle,
                                                por sus vuelos y gracia
                                                mariposa le juzgan,
                                                y en seguirle no tardan.
                                               Una a cogerle llega
                                                y él la burla y se escapa;
                                                otra en pos va corriendo,
                                                y otra simple le llama,
                                                despertando el bullicio
                                                de tan loca algazara
                                                en sus pechos incautos
                                                la ternura más grata.
                                               Ya que juntas las mira
                                               dando alegres risadas
                                               súbito Amor se muestra
                                               y a todas las abrasa.
                                               Mas las alas ligeras
                                               en los hombros por gala
                                               se guardó el fementido,
                                               y así a todos alcanza.
                                               También de mariposa
                                               le quedó la inconstancia:
                                               llega, hiere, y de un pecho
                                               a herir otro se pasa."
 
 
Atreverse a los autores muertos, y no a los vivos, no sólo es cobardía, sino traición
 
Cobardes son y traidores
ciertos críticos que esperan,
para impugnar, a que mueran
los infelices autores,
porque, vivos, respondieran.
Un breve caso a este intento
contaba una abuela mía.
Diz que un día en un convento
entró una lechuza... Miento,
que no debió ser un día.
Fue, sin duda, estando el sol
ya muy lejos del ocaso...
Ella, en fin, se encontró al paso
una lámpara o farol
(que es lo mismo para el caso),
y volviendo la trasera,
exclamó de esta manera:
«Lámpara, ¡con qué deleite
te chupara yo el aceite,
si tu luz no me ofendiera!
Mas ya que ahora no puedo,
porque estás bien atizada,
si otra vez te hallo apagada,
sabré, perdiéndote el miedo,
darme una buena panzada».
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Poema 4. "De Jovino a Anfriso", de Gaspar Melchor de Jovellanos 
 
Credibile est illi numen ineste loco.
Ovidio.

"Desde el oculto y venerable asilo,
do la virtud austera y penitente
vive ignorada, y del liviano mundo
huida, en santa soledad se esconde,
Jovino triste al venturoso Anfriso
salud en versos flébiles envía.
Salud le envía a Anfriso, al que inspirado
de las mantuanas Musas, tal vez suele
al grave son de su celeste canto
precipitar del viejo Manzanares
el curso perezoso, tal süave
suele ablandar con amorosa lira
la altiva condición de sus zagalas.

¡Pluguiera a Dios, oh Anfriso, que el cuitado
a quien no dio la suerte tal ventura
pudiese huir del mundo y sus peligros!
¡Pluguiera a Dios, pues ya con su barquilla
logró arribar a puerto tan seguro,
que esconderla supiera en este abrigo,
a tanta luz y ejemplos enseñado!
Huyera así la furia tempestuosa
de los contrarios vientos, los escollos
y las fieras borrascas, tantas veces
entre sustos y lágrimas corridas.
Así también del mundanal tumulto
lejos, y en estos montes guarecido,
alguna vez gozara del reposo,
que hoy desterrado de su pecho vive.

Mas, ¡ay de aquel que hasta en el santo asilo
de la virtud arrastra la cadena,
la pesada cadena con que el mundo
oprime a sus esclavos! ¡Ay del triste
en cuyo oído suena con espanto,
por esta oculta soledad rompiendo,
de su señor el imperioso grito!

Busco en estas moradas silenciosas
el reposo y la paz que aquí se esconden,
y sólo encuentro la inquietud funesta
que mis sentidos y razón conturba.
Busco paz y reposo, pero en vano
los busco, oh caro Anfriso, que estos dones,
herencia santa que al partir del mundo
dejó Bruno en sus hijos vinculada,
nunca en profano corazón entraron,
ni a los parciales del placer se dieron.

Conozco bien que fuera de este asilo
sólo me guarda el mundo sinrazones,
vanos deseos, duros desengaños,
susto y dolor; empero todavía
a entrar en él no puedo resolverme.
No puedo resolverme, y despechado,
sigo el impulso del fatal destino,
que a muy más dura esclavitud me guía.
Sigo su fiero impulso, y llevo siempre
por todas partes los pesados grillos,
que de la ansiada libertad me privan.

De afán y angustia el pecho traspasado,
pido a la muda soledad consuelo
y con dolientes quejas la importuno.
Salgo al ameno valle, subo al monte,
sigo del claro río las corrientes,
busco la fresca y deleitosa sombra,
corro por todas partes, y no encuentro
en parte alguna la quietud perdida.
¡Ay, Anfriso, qué escenas a mis ojos,
cansados de llorar, presenta el cielo!
Rodeado de frondosos y altos montes
se extiende un valle, que de mil delicias
con sabia mano ornó Naturaleza.
Pártele en dos mitades, despeñado
de las vecinas rocas, el Lozoya,
por su pesca famoso y dulces aguas.
Del claro río sobre el verde margen
crecen frondosos álamos, que al cielo
ya erguidos alzan las plateadas copas
o ya sobre las aguas encorvados,
en mil figuras miran con asombro
su forma en los cristales retratada.
De la siniestra orilla un bosque ombrío
hasta la falda del vecino monte
se extiende, tan ameno y delicioso,
que le hubiera juzgado el gentilismo
morada de algún dios, o a los misterios
de las silvanas dríadas guardado.
Aquí encamino mis inciertos pasos
y en su recinto ombrío y silencioso,
mansión la más conforme para un triste,
entro a pensar en mi crüel destino.
La grata soledad, la dulce sombra,
el aire blando y el silencio mudo
mi desventura y mi dolor adulan.

No alcanza aquí del padre de las luces
el rayo acechador, ni su reflejo
viene a cubrir de confusión el rostro
de un infeliz en su dolor sumido.
El canto de las aves no interrumpe
aquí tampoco la quietud de un triste,
pues sólo de la viuda tortolilla
se oye tal vez el lastimero arrullo,
tal vez el melancólico trinado
de la angustiada y dulce Filomena.
Con blando impulso el céfiro suave,
las copas de los árboles moviendo,
recrea el alma con el manso ruido;
mientras al dulce soplo desprendidas
las agostadas hojas, revolando,
bajan en lentos círculos al suelo;
cúbrenle en torno, y la frondosa pompa
que al árbol adornara en primavera,
yace marchita, y muestra los rigores
del abrasado estío y seco otoño.
¡Así también de juventud lozana
pasan, oh Anfriso, las livianas dichas!
Un soplo de inconstancia, de fastidio
o de capricho femenil las tala
y lleva por el aire, cual las hojas
de los frondosos árboles caídas.
Ciegos empero y tras su vana sombra
de contino exhalados, en pos de ellas
corremos hasta hallar el precipicio,
do nuestro error y su ilusión nos guían.

Volamos en pos de ellas, como suele
volar a la dulzura del reclamo
incauto el pajarillo. Entre las hojas
el preparado visco le detiene;
lucha cautivo por huir y en vano
porque un traidor, que en asechanza atisba,
con mano infiel la libertad le roba
y a muerte le condena, o cárcel dura.

¡Ah, dichoso el mortal de cuyos ojos
un pronto desengaño corrió el velo
de la ciega ilusión! ¡Una y mil veces
dichoso el solitario penitente,
que, triunfando del mundo y de sí mismo,
vive en la soledad libre y contento!
Unido a Dios por medio de la santa
contemplación, le goza ya en la tierra,
y retirado en su tranquilo albergue,
observa reflexivo los milagros
de la naturaleza, sin que nunca
turben el susto ni el dolor su pecho.
Regálanle las aves con su canto
mientras la aurora sale refulgente
a cubrir de alegría y luz el mundo.
Nácele siempre el sol claro y brillante,
y nunca a él levanta conturbados
sus ojos, ora en el oriente raye,
ora del cielo a la mitad subiendo
en pompa guíe el reluciente carro,
ora con tibia luz, más perezoso,
su faz esconda en los vecinos montes.

Cuando en las claras noches cuidadoso
vuelve desde los santos ejercicios,
la plateada luna en lo más alto
del cielo mueve la luciente rueda
con augusto silencio; y recreando
con blando resplandor su humilde vista,
eleva su razón, y la dispone
a contemplar la alteza y la inefable
gloria del Padre y Criador del mundo.
Libre de los cuidados enojosos,
que en los palacios y dorados techos
nos turban de contino, y entregado
a la inefable y justa Providencia,
si al breve sueño alguna pausa pide
de sus santas tareas, obediente
viene a cerrar sus párpados el sueño
con mano amiga, y de su lado ahuyenta
el susto y las fantasmas de la noche.

¡Oh suerte venturosa, a los amigos
de la virtud guardada! ¡Oh dicha, nunca
de los tristes mundanos conocida!
¡Oh monte impenetrable! ¡Oh bosque ombrío!
¡Oh valle deleitoso! ¡Oh solitaria
taciturna mansión! ¡Oh quién, del alto
y proceloso mar del mundo huyendo
a vuestra eterna calma, aquí seguro
vivir pudiera siempre, y escondido!

Tales cosas revuelvo en mi memoria,
en esta triste soledad sumido.
Llega en tanto la noche y con su manto
cobija el ancho mundo. Vuelvo entonces
a los medrosos claustros. De una escasa
luz el distante y pálido reflejo
guía por ellos mis inciertos pasos;
y en medio del horror y del silencio,
¡oh fuerza del ejemplo portentosa!,
mi corazón palpita, en mi cabeza
se erizan los cabellos, se estremecen
mis carnes y discurre por mis nervios
un súbito rigor que los embarga.

Parece que oigo que del centro oscuro
sale una voz tremenda, que rompiendo
el eterno silencio, así me dice:
«Huye de aquí, profano, tú que llevas
de ideas mundanales lleno el pecho,
huye de esta morada, do se albergan
con la virtud humilde y silenciosa
sus escogidos; huye y no profanes
con tu planta sacrílega este asilo.»

De aviso tal al golpe confundido,
con paso vacilante voy cruzando
los pavorosos tránsitos, y llego
por fin a mi morada, donde ni hallo
el ansiado reposo, ni recobran
la suspirada calma mis sentidos.
Lleno de congojosos pensamientos
paso la triste y perezosa noche
en molesta vigilia, sin que llegue
a mis ojos el sueño, ni interrumpan
sus regalados bálsamos mi pena.
Vuelve por fin con la risueña aurora
la luz aborrecida, y en pos de ella
el claro día a publicar mi llanto
dar nueva materia al dolor mío."

Y PARA TERMINAR, MÁS ARTE. 
GOYA. 

"La gallinita ciega"


"La pradera de San Isidro".


"La duquesa de Alba".



"Saturno devorando a su hijo"



























































































































Atreverse a los autores muertos, y no a los vivos, no sólo es cobardía, sino traición
 
Cobardes son y traidores
ciertos críticos que esperan,
para impugnar, a que mueran
los infelices autores,
porque, vivos, respondieran.
Un breve caso a este intento
contaba una abuela mía.
Diz que un día en un convento
entró una lechuza... Miento,
que no debió ser un día.
Fue, sin duda, estando el sol
ya muy lejos del ocaso...
Ella, en fin, se encontró al paso
una lámpara o farol
(que es lo mismo para el caso),
y volviendo la trasera,
exclamó de esta manera:
«Lámpara, ¡con qué deleite
te chupara yo el aceite,
si tu luz no me ofendiera!
Mas ya que ahora no puedo,
porque estás bien atizada,
si otra vez te hallo apagada,
sabré, perdiéndote el miedo,
darme una buena panzada».
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Atreverse a los autores muertos, y no a los vivos, no sólo es cobardía, sino traición
 
Cobardes son y traidores
ciertos críticos que esperan,
para impugnar, a que mueran
los infelices autores,
porque, vivos, respondieran.
Un breve caso a este intento
contaba una abuela mía.
Diz que un día en un convento
entró una lechuza... Miento,
que no debió ser un día.
Fue, sin duda, estando el sol
ya muy lejos del ocaso...
Ella, en fin, se encontró al paso
una lámpara o farol
(que es lo mismo para el caso),
y volviendo la trasera,
exclamó de esta manera:
«Lámpara, ¡con qué deleite
te chupara yo el aceite,
si tu luz no me ofendiera!
Mas ya que ahora no puedo,
porque estás bien atizada,
si otra vez te hallo apagada,
sabré, perdiéndote el miedo,
darme una buena panzada».
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los infelices autores,
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Un breve caso a este intento
contaba una abuela mía.
Diz que un día en un convento
entró una lechuza... Miento,
que no debió ser un día.
Fue, sin duda, estando el sol
ya muy lejos del ocaso...
Ella, en fin, se encontró al paso
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(que es lo mismo para el caso),
y volviendo la trasera,
exclamó de esta manera:
«Lámpara, ¡con qué deleite
te chupara yo el aceite,
si tu luz no me ofendiera!
Mas ya que ahora no puedo,
porque estás bien atizada,
si otra vez te hallo apagada,
sabré, perdiéndote el miedo,
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Fue, sin duda, estando el sol
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Ella, en fin, se encontró al paso
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y volviendo la trasera,
exclamó de esta manera:
«Lámpara, ¡con qué deleite
te chupara yo el aceite,
si tu luz no me ofendiera!
Mas ya que ahora no puedo,
porque estás bien atizada,
si otra vez te hallo apagada,
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Fue, sin duda, estando el sol
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te chupara yo el aceite,
si tu luz no me ofendiera!
Mas ya que ahora no puedo,
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te chupara yo el aceite,
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entró una lechuza... Miento,
que no debió ser un día.
Fue, sin duda, estando el sol
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(que es lo mismo para el caso),
y volviendo la trasera,
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te chupara yo el aceite,
si tu luz no me ofendiera!
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